miércoles, 27 de junio de 2012

LA REALIDAD QUE SE PERCIBE, SE MIDE Y SE TRASFORMA: MÉTODOS Y TÉCNICAS PARA LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

En otros momentos de estas Jornadas se han tratado los fundamentos políticos de los procesos participativos y, con ello, su compromiso con un planteamiento transformador. Es ahora el momento de dar un paso adelante en el plano metodológico, planteando estrategias para conducir este tipo de procesos, siempre teniendo en cuenta, por un lado, este planteamiento político-ideológico y, por el otro, la necesaria flexibilidad que toda metodología debe tener en cuenta para adaptarse a la constante imprevisibilidad e incontrolabilidad de las relaciones sociales. Es justamente en este sentido que las estrategias metodológicas deben permitir poner en juego los instrumentos más adecuados que se requieran en cada momento.

Estas estrategias metodológicas las solemos englobar bajo el nombre de Investigación Acción Participativa (IAP), con lo que de alguna manera señalamos sus tres grandes puntos de partida: se trata de una producir conocimiento –y, por lo tanto, investigación–, se trata de intervenir en la realidad social –acción colectiva–, y se trata de hacerlo con la participación activa de los sectores potencialmente implicados. Y, además, estos tres pilares se entienden formando parte de un mismo proceso (cuando promovemos el autoconocimiento de nuestro entorno estamos interactuando con éste y somos partícipes de su transformación: estamos haciendo camino al andar).

En primer lugar se plantea una estrategia transversal a lo largo de una IAP, que es lo que se puede llamar como “intervención en las redes sociales”; seguidamente se presentan las principales etapas del proceso metodológico y, en los últimos apartados, el papel que en ellas juegan las técnicas utilizadas.

1. Una metodología para transformar las redes sociales

Hablar de democracia participativa (en en plano ideológico) y de metodologías participativas (en el estratégico) significa, en última instancia, hablar de cómo las personas y los grupos sociales se relacionan entre ellos para actuar colectivamente, siendo cada parte sujeto activo de esta acción.
Las metodologías participativas parten, pues, de un planteamiento relacional: se trata de construir nuevas pautas de relaciones sociales para transformar la realidad existente, desde el supuesto de que lo que las personas son, piensan y hacen (su acceso a los recursos, su comportamiento, sus normas y valores), se explica por su posición en las estructuras de relaciones sociales. Esto se puede abordar de dos formas distintas:
  • Desde un planteamiento técnocrático: el técnico/investigador “estudia” y “analiza” cómo se relacionan los agentes y cómo se deberían relacionar. Amparado en su saber científico, el investigador realiza “propuestas de intervención”, es decir, nuevas formas de relación entre agentes y colectivos. Pero este planteamiento tiene limitaciones no sólo éticas sino también metodológicas, ya que no se pueden “imponer” a los agentes sociales pautas de relaciones sin contar con ellos: aun suponiendo que se pudiesen realizar recomendaciones sobre cuáles son las relaciones óptimas desde un punto de científico, ello requeriría que todas las partes implicadas las validasen.
  • Desde un planteamiento participativo: En vez de que el investigador se dedique a “predicar” sus soluciones a agentes que quizás vayan en otra dirección, es enormemente más sencillo abrir procesos de reflexión y relación colectiva a partir de los síntomas que se plantean, y es justamente a lo largo de estos procesos que se van construyendo nuevas relaciones. Este planteamiento permite no únicamente transformar las relaciones, sino también construir posicionamientos, proyectos y estrategias.
Desde este planteamiento, la IAP se puede entender como una metodología que debe permitir a los agentes “recrear las redes sociales”: es decir, transformar-las desde la (auto)reflexión sobre las estructuras existentes.
Tres elementos a tener en cuenta sobre la “naturaleza” de las redes sociales:
  • Son sistemas dinámicos: Toda estructura social tiende a apoyarse sobre relaciones de dominación y desigualdad entre sus miembros. Esta estructuración, aunque relativamente estable –puesto que el interés de los grupos con mayor poder es de mantener las pautas de relaciones existentes– es también fuente de conflicto permanente y, con ello, fuente de constante cambio. La “intervención en redes” debe partir de esta base: no vamos a “transformar” algo inmanente, sino a “acompañar” procesos de cambio desde las relaciones de conflicto existentes.
  • Son sistemas abiertos: Todas las redes sociales forman parte de sistemas más amplios. Y no me refiero sólo a la relación micro-macro (toda red local tiene sus vinculos globales) sino también, y sobretodo, a la interrelación entre múltiples redes locales, formadas por sujetos con múltiples pertenencias (no ya a un grupo social sino a un conjunto de grupos): ¿A qué red pertenecemos cada uno de nosotros? Cómo trabajadoras, como madres, como vecinas, etc. interactuamos con múltiples ámbitos relacionales que desde este planteamiento son interdependientes: por ejemplo, cómo vecinas estamos hartas de los grupitos de adolescentes (“esos”, los de la otra red), pero como madres reivindicamos que “nuestros” jóvenes tengan sus espacios de relación. Esta pertenencia a múltiples redes consituye una de las claves de su transformación
  • Son sistemas complejos: Las redes sociales se componen de múltiples nodos (personas, grupos, organizaciones e instituciones) que interactúan entre si y que generan nuevas formas de relación emergentes que van más allá de los límites de la predecibilidad. En otras palabras: los procesos sociales son, hasta cierto punto, imprevisibles e incontrolables, y ninguno de sus agentes es capaz de tener una visión global sobre lo que en ella sucede. No es el objetivo de las metodologías participativas “controlar el trabajo en red” o “predecir cambios en la red”, sino ser conscientes de sus oportunidades y amenazas para poder catalizar procesos de transformación
Desde este planteamiento, en las redes locales se suelen distinguir varios niveles de agentes: administración (con un nivel político-insitucional y otro nivel técnico y de servicios) y ciudadanía (donde a su vez podemos identificar niveles más formalizados –asociaciones, entidades–, informales –grupos de afinidades, grupos de presión– y colectivos sociales no organizados). La estrategia metodológica debe conducir un proceso dirigido hacia la construcción de redes locales que sean más ciudadanistas que gestionistas (en los que la “política” se negocia entre las administraciones y las cúpulas asociativas, excluyendo a la base social) o tecnicistas (en los que la administración tiende a prescindir de la ciudadanía organizada acusándola de ser “poco representativa”) (Villasante, 1998).

¿Qué significa una red ciudadanista? Más que una realidad, es un “tipo-ideal”, un modelo de relaciones hacia el que apostamos, y que podemos definir como sistemas de relaciones:
  • Multicéntricos. Redes con múltiples centros que representan una alternativa al “paradigma de la pirámide” (de centro único) y al “paradigma del archipiélago” (donde cada unidad, aislada de otra, funciona por sí misma sin ninguna conexión entre sí). Ningún agente controla ni tiene un conocimiento global de la red, ni tampoco es capaz de dar por si mismo una respuesta global a las necesidades de la comunidad (Dabas, 1998).
  • Interdependientes. La noción de interdependencia alude, de una parte, a la autonomía que mantienen los agentes de la red basada, a su vez, en la interrelación con otros agentes (que enriquece y potencia esta autonomía y optimiza la fuerza global de la red). Se habla, en este sentido, de “autonomía relativa” o de “autoridad no soberana”.
  • Basados en alianzas estratégicas entre agentes, que conforman conjuntos de acción (subredes que se caracterizan por su cohesión y por compartir los mismos intereses, objetivos y estrategias).
  • Fundamentados en las bases sociales. El liderazgo de una red ciudadanista, además de ser compartido (en tanto que red multicéntrica) está fundamentado no tanto en un reconocimiento formal sino en la capacidad para trazar puentes entre las minorías organizadas y las bases ciudadanas.
  • Sustentabilidad. Una red ciudadanista tiende hacia la autosustentabilidad, en el sentido de que su supervivenvia no depende permanentemente de recursos externos sino de la “fuerza social” que haya movilizado.
2. La metodología participativa como proceso
Una metodología que “se hace camino al andar”, que construye las redes desde el mismo momento en el que se pregunta sobre ellas, es necesariamente una metodología que se define sobre el proceso y que, sobretodo, trabaja sobre la idea de proceso que aprende de si mismo, pero que a su vez, y en tanto que metodología, es conducida por algún “experto metodológico”, es decir, una persona o equipo que pone en juego estrategias y métodos que, según el tipo y momento del proceso en el que nos encontremos, pueden acompañar, motivar, dinamizar, catalizar, asesorar, coordinar, etc. su desarrollo.

En estos procesos podemos distinguir grandes etapas que suelen ser comunes, y que podemos representar gráficamente como ciclos de apertura y de cierre. Los primeros se refieren a fases que son básicamente expansivas: buscamos movilizar, implicar más agentes, introducir más puntos de vista en el debate, promover la reflexión y creatividad colectiva al analizar los problemas y buscar soluciones, más allá de convocar a “los de siempre” y de aportar las “recetas tecnocráticas” que ya conocemos. Con los ciclos de cierre, en cambio, buscamos la concreción, la decisión y los compromisos (que requerirán, seguramente, procesos de negociación y consenso); unos ciclos no pueden entenderse sin otros (Pindado, 2002; Villasante, 1998).

Avanzando un poco más en la concreción de esta estrategia metodológica, aunque sin dejar de ser conscientes de su necesaria flexibilidad y adaptabilidad a cada proceso específico, podemos identificar las principales etapas que suelen ser comunes y que se detallan en el cuadro adjunto (Martí, 2000):
Etapas de una Investigación Acción Participativa
Planteamiento político-metodológico
  •  Detección de síntomas
  •  Demanda y negociación inicial
  •  Delimitación de objetivos y estrategia metodológica
El planteamiento inicial debe responder fundamentalmente a las siguientes cuestiones: ¿Para quién y para qué se hace?¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?. Las primeras preguntas van asociadas a una (auto)reflexión y negociación sobre lo que se está planteando: cuáles son las finalidades del proceso, qué efectos tendrá sobre la comunidad, o cómo nos ubicamos en el mismo; esta ubicación será distinta si el proceso se inicia desde una administración, que sí se hace desde una asociación o grupo organizado; en el primero caso, deberá dejarse claro a la ciudadanía qué implica y cuáles son los compromisos que adopta en relación a la metodología y a los resultados; pero la misma lógica se puede aplicar a otros organizaciones: cuál es la finalidad perseguida y qué se está pidiendo a los agentes implicados. Las preguntas ¿por qué?, ¿cómo? y ¿cuándo? conviene que sean respondidas en un proyecto que defina cuáles son los objetivos que se persiguen, cuál va a ser la metodología seguida y en qué fases y tiempos se va a desarrollar.
Ciclo de apertura: diagnóstico y propuestas
  • Movilización. Dinamización en proceso y constitución de niveles de implicación continua y de seguimiento
  •  Diagnóstico: ¿Qué es lo que hay? ¿Cómo lo vemos?
  •  Producción de ideas-fuerza, propuestas generales: ¿Qué podemos hacer?
El ciclo de apertura es, en primer lugar, un proceso de movilización: se trata de difundir lo que se está haciendo, de implicar a los agentes en el proceso y provocar que se lo hagan suyo, asesorándoles y capacitándoles si es necesario, y de empezar a “intervenir” en las redes (a veces acompañando, a veces sacudiendo). Aquí hay muchos aspectos que tienen que ver con las relaciones más informales que vamos construyendo, pero también es importante crear espacios formales a dos niveles:
  • Un Grupo de Investigación Acción Participativa. Equipo de trabajo plural formado por unos pocos vecinos y/o técnicos de base (3-5 personas) que participa activamente en el día a día del proceso conjuntamente con el equipo técnico. El objetivo del GIAP es llegar a ser un grupo “conformado” (grupo estable con identidad propia y con alta capacidad de interlocución, reflexión y acción), aunque hay que ser consciente que en determinados contextos no logra traspasarse la barrera de un grupo “informado” (conjunto de personas con menor disponibilidad y compromiso que siguen el proyecto con cierta asiduidad y que ejercen de informantes cualificados) (Basagoiti y Bru, en Villasante y otros, 2000).Una Comisión de Seguimiento que reune a representantes institucionales, entidades y otras personas potencialmente implicadas en el proceso, con el objetivo de realizar su seguimiento, supervisión y debate. Aunque con encuentros periódicos, es importante que la CS no interfiera en el día a día, no porque no se quiera la participación de los dirigentes, sino porque su presencia constante podría alterar el contacto con las bases sociales.
Pero esta dinámica movilizadora difícilmente se conseguirá en el vacío, sin un “contenido” que lo acompañe; este contenido tiene dos niveles, que frecuentemente se encabalcan:
  • En la realización de un diagnóstico compartido que identifique “qué es lo que hay” en la comunidad (su población y sus condiciones de vida, sus recursos, los grupos y sus redes de relaciones).
  • Desde la base del autodiagnóstico, es decir, habiendo reflexionado sobre las cosas que nos rodean, estamos en condiciones de ser creativos, de abrirnos a nuevas ideas y nuevas propuestas de las que nos sentimos partícipes no sólo porque las hemos aportado nosotros, sino también, y sobre todo, porque han salido de una implicación y apropiación del problema. Decimos que es un proceso creativo porque no se trata sólo de “buscar” y de “sumar” ideas, sino también, y sobretodo, de producirlas: lo que tenemos que buscar aquí es el intercambio y la reflexión colectiva en el interior de los grupos implicados y entre éstos.

Ciclo de cierre: conclusiones y programación
  •  Recreación de las redes: negociación y consenso de un programa de acción
  •  Construcción participada de objetivos y propuestas de acción
El ciclo de apertura suele llegar a un momento que denominamos de “saturación”, en el que se ha cubierto todo el universo discursivo y propositivo posible: ya no se producen nuevas ideas. Solemos iniciar entonces un ciclo de cierre: de construir consensos, de negociar –si es necesario hacerlo– y, al fin y al cabo, de “recrear” las relaciones (en el sentido que no se trata tanto de “inventar” nuevas relaciones sino partir de las existentes) y de programar –tareas, agentes y tiempos–, y todo eso tiene que poder hacerse dentro del mismo proceso participativo, combinando oportunidades para todos y eficacia. En estos procesos pueden ser importantes técnicas de trabajo grupal y planificación, pero una dimensión fundamental son los roles y compromisos de futuro que los agentes adopten sobre las decisiones que se van tomando, y que en última instancia dependerán del grado en el que se hayan apropiado el proceso más que del uso de técnicas concretas.
Reapertura
  •  Puesta en marcha
  •  Evaluación continua
  •  Nuevos síntomas. Rediagnóstico
El cierre se concreta con el acuerdo y la programación. Pero se trata siempre de un cierre provisional y dinámico, que se vuelve a abrir en la puesta en marcha de las acciones, iniciando un nuevo ciclo de apertura (de evaluación continuada, de rediagnóstico de los cambios y nuevas realidades). Desde este planteamiento, un proceso participativo no empieza ni acaba: es más una cultura de la acción que no un proyecto acotado temporalmente; una cultura en la que expansión y síntesis se encabalcan constantemente retroalimentando el proceso ante los nuevos retos planteados.

3. Los métodos y las técnicas en la IAP

La metodología participativa no renuncia a los métodos y técnicas tradicionalmente usados en ciencias sociales (cualitativos y cuantitativos) sino que los integra conjuntamente con otras técnicas más específicamente orientadas a momentos de dinamización y participación. Disponemos, por lo tanto, de un amplio abanico de herramientas, pero lo realmente importante es saber cuando hay que poner en juego unas u otras. Básicamente las distintas técnicas que utilicemos nos han de permitir abordar tres grandes objetivos o dimensiones del proceso:

a) Dinamizar y movilizar (dimensión movilizadora)
La dimensión movilizadora interviene directamente en lo que podríamos llamar la “dinamización” y la “recreación” de las redes sociales, es decir, en la capacitación de los agentes, el fortalecimiento de las relaciones existentes y la promoción de su capacidad de intervención en estas relaciones. Apuntar hacia la dimensión movilizadora significa alimentar el proceso en el sentido de que la comunidad tenga capacidad para intervenir en el debate social y para desarrollar estrategias con relación al tema tratado y a sus propios objetivos; en definitiva, capacidad de acción. Las técnicas participativas son aquí las más potentes.
b) Identificar y producir discursos y posicionamientos (dimensión discursiva)

Se trata aquí de trabajar sobre los discursos y posicionamientos de los agentes: para identificarlos, para producirlos (desde un planteamiento autoreflexivo y creativo) y para construir consensos que contribuyan a desbloquear y superar situaciones de conflicto y desigualdad. Las técnicas cualitativas son las de mayor potencial para abordar esta dimensión.

c) Obtener conocimientos sobre los aspectos más objetivables de la realidad social (dimensión descriptiva)
La dimensión descriptiva apunta a la identificación de lo que podemos denominar los “recursos objetivos” de la comunidad: la caracterización sociológica del territorio y del tema tratado, la identificación de acontecimientos significativos, y el mapeo de los agentes y sus relaciones, que entendemos también como recursos del territorio. Este es un terreno en el que las técnicas cuantitativas son especialmente potentes.

De alguna forma, cualquier técnica que pongamos en juego dentro de una estrategia de trabajo proceso estará interviniendo a la vez en las tres dimensiones; sin embargo, cada una de ellas tiene una mayor potencia en una u otra dimensión. El siguiente esquema proyecta las principales técnicas de referencia sobre las tres dimensiones de intervención. En cualquier caso, se trata únicamente de un esquema indicativo y genérico; en su aplicación concreta cada técnica pueden “acercarse” más a unas u otras dimensiones.

Las técnicas se pueden agrupar de la siguiente forma:
  • Sociogramas y análisis de redes sociales. Mas allá de la teoría de redes sociales como principio teórico y metodológico, que es de por si una lógica de trabajo transversal en las metodologías participativas, existe un instrumento que se suele utilizar para traducir de forma operativa una estructura de relaciones: el sociograma. El sociograma puede ser utilizado con fines descriptivos, pero más allá de éstos es un instrumento especialmente potente cuando se trabaja conjuntamente con material cualitativo (posicionamientos de los agentes) y momentos movilizadores (sociograma como espejo).
  • Técnicas cualitativas. Se trata de técnicas observacionales y conversacionales plenamente consolidadas en las ciencias sociales (especialmente observación participante, entrevistas individuales y grupales). En algunos casos pueden tener un componente informativo-descriptivo; en otros pueden contribuir a dinamizar las relaciones inter o intragrupales. Pero donde las técnicas cualitativas tienen mayor potencial es en la identificación/producción de posicionamientos, al permitir e incentivar la autorreflexión y la profundización en los discursos (por lo general, podemos considerar que las técnicas cualtitativas permiten una mayor riqueza discursiva con respecto a las participativas, mientras que estas últimas son más útiles cuando lo que priorizamos es la síntesis grupal in situ).
  • Técnicas cuantitativas. Las técnicas cuantitativas cumplen un papel básicamente descriptivo-informativo en tanto que permiten ilustrar, medir o contrastar explicaciones e interpretaciones que los agentes de la comunidad dan sobre su realidad cotidiana. Tienen también su dimensión cualitativa (los datos se interpretan y la forma lógica de hacerlo desde la IAP es a partir de los discursos de la comunidad) y movilizadora (los datos se producen para algo, se interpretan para algo y producen unes determinados efectos sociales).
  • Técnicas participativas. Bajo este epígrafe se pueden englobar un conjunto de dinámicas (talleres u otros tipos de actividades) que tienen por objetivo la participación directa de un número limitado de personas en una actividad que provoque la (auto)reflexión sobre un determinado tema, y que concluye sancionando unas conclusiones de consenso que son asumidas por sus participantes. Son, por lo tanto, técnicas que intervienen básicamente sobre la dimensión más movilizadora de un proceso, al mismo tiempo que permiten identificar los distintos posicionamientos presentes en una comunidad.
En los siguientes apartados se realiza una breve caracterización de las técnicas y de su aplicación en el marco de la investigación acción participativa. Lógicamente no se tratarán en profundidad sino a título puramente identificativo. Para un mayor conocimiento puede recurrirse a la bibliografía reseñada.

4. El sociograma como técnica transversal para mapear y recrear relaciones
En el sociograma se proyectan distintos nodos que representan a los agentes del territorio (políticos, técnicos, empresariales, asociativos, grupos y sectores vecinales, etc.) y las relaciones existentes entre estos nodos (más fuertes o más débiles, positivas o de conflicto).
El mapa social puede jugar diferentes funciones a lo largo de estos procesos:
  • Identificar y ubicar los entornos presentes en una comunidad tiene un valor de diagnóstico importante, al mostrar sintéticamente los recursos existentes y al agruparlos según su grado de vinculación o posicionamiento con relación a una determinada problemática. Esto se convierte ya en un elemento catalizador que permite mostrar “quién está” en un proceso, “quien no está”, “quién podría estar” y “quién impide que seamos más”: nos ayuda a globalizar y a pensar colectivamente, y nos permite consensuar los diferentes entornos y niveles que hace falta ir a buscar e implicar, más allá de las percepciones parciales que se tengan desde cada sector.
  • Pero más allá de esta lectura estática –el mapa social no deja de ser una pura descripción–, es también un instrumento de movilización grupal: nos permite definir quiénes somos (nosotros, los que estamos organizados), los nuestros (la base social), con quién podemos contar y cooperar (los aliados), a quien tenemos que persuadir (los indiferentes) y a quién hemos de aislar (los oponentes), desde la base de que avanzar en el conflicto no consiste en vencer a los oponentes, sino en buscar alianzas y construir consensos con otros actores.
  • Y, derivado del punto anterior, el estudio de las relaciones permite identificar cuáles son aquellas relaciones a potenciar para provocar dinámicas transformadoras: buscando puntos en común entre los agentes implicados en estas relaciones, promoviendo complicidades y confianzas mutuas, abriendo espacios de diálogo en los que se desarrollen autodiagnósticos y proyectos compartidos, y definiendo estrategias de incidencia.
Es importante destacar las limitaciones del análisis de redes sociales cuando se aplican a procesos de intervención. La red es una plasmación estática, estructural, que tiende a mostrar relaciones cristalizadas, mientras que un proceso participativo opera en una lógica eminentemente dinámica. En este sentido, es importante pensar en la noción de “sociograma en proceso”, trabajando en las tendencias, oportunidades y amenazas de las relaciones existentes. Además, puede ser útil realizar sociogramas en distintos momentos del proceso, por ejemplo:

• Un sociograma al principio, como diagnóstico previo y para conocer las instituciones/asociaciones/grupos que conforman el mapa social. Puede ser útil para ubicarnos en el proceso, para identificar las posiciones sociales a entrevistar o dinamizar y las relaciones sobre las que trabajar.
• Un sociograma intermedio puede ser útil para identificar cómo están cambiando las relaciones y de  alguna forma evaluar el proceso en el mismo proceso.
• Un sociograma en la etapa de cierre o bien al inicio de la puesta en marcha de las propuestas desarrolladas puede ser un instrumento para ser conscientes de las relaciones y conjuntos de acción hacia los que nos dirigimos.

En la bibliografía adjunta puede encontrarse una mayor concreción sobre como construir, interpretar e intervenir con sociogramas, lo que en última instancia dependerá de la temática abordada y los objetivos perseguidos (Lozares, 1998; Martín, 2001). En el gráfico adjunto se muestran algunos elementos a tener en cuenta en el análisis; conceptos clásicos del análisis de redes sociales, como la capacidad de intermediación de un actoro la fuerza de los vínculos débiles, aportan mucho a la hora de abordar elfortalecimiento de redes vecinales, por su capacidad para trazar puentesentre actores o situaciones que sin estar completamente desconectadospermanecen relativamente aislados En última instancia, y utilizado conjuntamente con otras técnicas (cualitativas, cuantitativas y participativas), el sociograma debe permitir identificar los distintos entornos presentes en una comunidad, y estrategias para avanzar hacia conjuntos de acción más  ciudadanistas y pluralistas, que desborden las estructuras existentes: al potenciar determinadas relaciones débiles, se aislan alianzas que reproducen situaciones de bloqueo y se abren nuevas relaciones que pueden incentivar la participación de agentes que habían quedado aislados; la base social finalmente movilizada pasará a ser una plataforma dinamizadora de la comunidad, un conjunto de acción ciudadanista (Villasante, 1998):

5. El uso de técnicas cualitativas
Los métodos cualitativos son especialmente potentes para identificar las dimensiones subjetivas e intersubjetivas de la realidad social, aspectos en los que, aunque no tienen la capacidad de medición que pueden tener los métodos cuantitativos (encuestas de opinión), nos aportan una riqueza infinitamente superior. Nos interesa aquí especialmente el cómo las cosas son percibidas, cuáles son los puntos de vista, los posicionamientos existentes y cómo se van construyendo a lo largo del proceso.
El uso de estas técnicas es fundamental en dos sentidos:
  • Para identificar cuáles son los temas que están encima de la mesa y por lo tanto que deben ser objeto de debate, y además para hacerlo identificando en qué posiciones se sitúa cada uno desde su forma de ver las cosas.
  • Para dar “profundidad” a los consensos producidos mediante técnicas particiativas.
Se trata, en ambos casos, de “cruzar” los temas/posicionamientos con el sociograma, obteniendo una matriz que muestre los discursos sobre los objetivos planteados desde las distintas posiciones sociales sobre los objetivos planteados, e ir identificando:
• Lo que se dice desde cada posición social.
• Lo que no se dice desde determinadas posiciones sociales y sí desde otras.
• Lo que es compartido entre varias posiciones sociales (detección de problemas y necesidades que se repiten desde distintos sectores).
• Lo que se contradice entre distintas posiciones sociales (planteamientos opuestos que remiten a conflictos de intereses en la estructura social).
• Lo que se contradice desde una misma posición social (fruto de la multipertenencia a varias redes, y que nos puede dar la clave de cuáles son los puntos de encuentro entre posiciones distintas).
Por ejemplo, el cuadro adjunto muestra algunas de estas posibilidades bajo el supuesto de dos posiciones o grupos y cuarto discursos: el discurso A es compartido por las dos posiciones representadas, mientras que el C sólo es mantenido por los primeros. Los discursos B y D, en cambio, enfrentan directamente a ambos grupos, pero es que resulta que el discurso D es contradictorio con el C, mantenido desde la misma posición (por ejemplo, jóvenes quejándose de la represión policial por reunirse en plazas públicas y adultos que a la vez que reclaman más zonas verdes, se quejan de la "inseguridad" que representa la presencia de grupos de jóvenes en las plazas del barrio).

5. El uso de técnicas cualitativas

Los métodos cualitativos son especialmente potentes para identificar las dimensiones subjetivas e intersubjetivas de la realidad social, aspectos en los que, aunque no tienen la capacidad de medición que pueden tener los métodos cuantitativos (encuestas de opinión), nos aportan una riqueza infinitamente superior. Nos interesa aquí especialmente el cómo las cosas son percibidas, cuáles son los puntos de vista, los posicionamientos existentes y cómo se van construyendo a lo largo del proceso.
El uso de estas técnicas es fundamental en dos sentidos:
  •  Para identificar cuáles son los temas que están encima de la mesa y por lo tanto que deben ser objeto de debate, y además para hacerlo identificando en qué posiciones se sitúa cada uno desde su forma de ver las cosas.
  • Para dar “profundidad” a los consensos producidos mediante técnicas particiativas.
Se trata, en ambos casos, de “cruzar” los temas/posicionamientos con el sociograma, obteniendo una matriz que muestre los discursos sobre los objetivos planteados desde las distintas posiciones sociales sobre los objetivos planteados, e ir identificando:
• Lo que se dice desde cada posición social.
• Lo que no se dice desde determinadas posiciones sociales y sí desde otras.
• Lo que es compartido entre varias posiciones sociales (detección de problemas y necesidades que se repiten desde distintos sectores).
• Lo que se contradice entre distintas posiciones sociales (planteamientos opuestos que remiten a conflictos de intereses en la estructura social).
• Lo que se contradice desde una misma posición social (fruto de la multipertenencia a varias redes, y que nos puede dar la clave de cuáles son los puntos de encuentro entre posiciones distintas).
Por ejemplo, el cuadro adjunto muestra algunas de estas posibilidades bajo el supuesto de dos posiciones o grupos y cuarto discursos: el discurso A es compartido por las dos posiciones representadas, mientras que el C sólo es mantenido por los primeros. Los discursos B y D, en cambio, enfrentan directamente a ambos grupos, pero es que resulta que el discurso D es contradictorio con el C, mantenido desde la misma posición (por ejemplo, jóvenes quejándose de la represión policial por reunirse en plazas públicas y adultos que a la vez que reclaman más zonas verdes, se quejan de la "inseguridad" que representa la presencia de grupos de jóvenes en las plazas del barrio).

Técnicas cualitativas en la IAP
Entrevista individual
Permite identificar los discursos y posicionamientos de la minoría dirigente (políticos, técnicos, representates asociativos) y pueden tener un importante componente informativo.
Las entrevistas individuales son generalmente la primera fuente de conocimiento del territorio, de los agentes y de sus relaciones. Es aconsejable la realización de entrevistas semiestructuradas con guón previo (punto intermedio entre un listado de preguntas redactado por igual para todos los entrevistados, y la conversación informal regida únicamente por el curso de la interacción, sin ninguna preparación previa).
Alonso (1994)

Entrevista a grupos
Identificar discursos de grupos existentes en la comunidad; dinamización grupal.
Se trata de entrevistas realizadas a grupos naturales previamente existentes (formal o informalmente), con su propia estructura y posición en la red y, por lo tanto, con capacidad para (re)producir discurso y acción más allá de la situación de entrevista. Las entrevistas suelen realizarse “sobre el terreno”, de forma espontánea e informal.
Villasante (1998)

Grupo de discusión
Identificar discursos de colectivos sociales no organizados.
Los grupos de discusión son entrevistas a grupos simulados y creados ad hoc en los que los participantes no se conocen previamente. La hipótesis de partida es que, compartiendo los miembros determinadas características socioestructurales (jóvenes, mujeres, mayores...), el discurso colectivo del grupo será no el de la suma de los participantes, sino el del colectivo social al que representan.
Ibáñez (1979)
Callejo (2000)

Grupo triangular
Confrontar y analizar las transiciones entre discursos de distintas posiciones sociales.
Entrevistas en las que confrontan o triangulan discursos pertenecientes a posiciones sociales opuestas. Puede ser de utilidad en fases de diagnóstico avanzado, o bien para identificar posibles estrategias desde las que trabajar las contradicciones discursivas.
Conde (1996)

Observación participante
Recoger información de las interacciones entre grupos, personas y territorio, interviendo en ellas en tanto que partícipes de la comunidad.
La observación puede considerarse una técnica que se diseñe y realice en si misma (por ejemplo, participando en una serie de actividades que reflejen las distintas dinámicas presentes en el territorio) pero también puede realizarse de forma no sistemática a lo largo de todo el proceso: en cierto sentido la IAP es un proceso permanente de observación participante.
Delgado y Gutiérrez (1994)
Ruiz Olabuénaga (1996)

6. El uso de técnicas cuantitativas

Los métodos cuantitativos son los más pertinentes para medir y analizar la incidencia y estructura de los fenómenos sociales observables, es decir, aquellos que tienen un carácter más objetivable.
En demasiadas ocasiones, escudándose en el positivismo, estas técnicas se han usado para “imponer realidades” sobre cómo son las cosas, justificando con ello interpretaciones y acciones posteriores sobre esas realidades. En las metodologías participativas la utilización de los métodos cuantitativos es totalmente distinta, en el sentido de que no se entienden como algo externo al proceso sino supeditado al mismo: no se trata de que un “experto en el tema” saca su “verdad científica” sobre “aquello que pasa” para que “la gente lo debata”, sino de poner a disposición de la comunidad herramientas para que entre todos podamos definir qué es aquello que más nos interesa conocer, con qué finalidad lo queremos hacer, y qué saldrá de los resultados. Y en cierta medida es también un proceso movilizador ya que al hacerlo (conocer), nos autoconocemos mejor y tomamos consciencia de ello.
Tres cuestiones a tener en cuenta:
�� Subordinación de las técnicas cuantitativas a las cualitativas. De una forma u otra, el análisis de datos cuantitativos siempre está sujeto a una teorización previa, en mayor o menor grado (que es la que nos define qué tipo de datos producimos, como los producimos y con relación a qué los interpretamos). Si, en investigación “tradicional”, este marco teórico se construye a partir del conocimiento científico, entendemos aquí que es fundamental construirlo en el propio proceso, desde el conocimiento que se va construyendo desde la práctica. En otras palabras, en estos procesos los datos deben servir para ilustrar, medir o contrastar la incidencia de aquellas cuestiones que preocupan en la comunidad, y no para imponer en la comunidad las preocupaciones de los técnicos. Difícilmente contribuiremos a que los agentes sean partícipes del proceso si imponemos diagnósticos/auditorías técnicas como paso previo a la “participación” (que pasa a entenderse entonces como la mera “socialización” de diagnósticos técnicos).

  • Sobre su pertinencia conceptual. Una segunda cuestión se refiere a la pertinencia conceptual de los datos cuantitativos con respeto a aquello que se quiere medir, reflexión que parte de la siguiente constatación: cuando medimos, aquello que es medido no es una realidad independiente, sino el concepto a partir del que se ha construido (la realidad existe así en tanto que la hemos definido así); en definitiva, el dato no existe independientemente de quién lo produce y de cómo se produce y, en última instancia, este dato está impregnado de ideología. Todo esto cobra una especial importancia en el uso de datos secundarios (producidos por otras intituciones con otras finalidades), en los que hemos de ser especialmente conscientes de cuál es nuestro concepto (aquello que queremos medir) y cuál es el concepto medido por el dato disponible y, en función de su adecuación, evaluar su validez y rechazar cualquier mitificación empirista.
  • Sobre la transmisibilidad de los datos. Los datos cuantitativos deben ser un instrumento de trabajo en los procesos participativos, con lo que su transmisibilidad y comprensibilidad pasan a ser fundamentales. Este planteamiento no excluye la potencial utilización de análisis estadísticos sofisticados (p.ej. análisis multivariado de conglomerados para la definición de zonas sociales) sino que se refiere más a su devolución y debate (por ejemplo, tabulaciones detalladas pueden satisfacer a unos pero asustar a otros, mientras que, en cambio, pocos datos relevantes en forma de indicadores sintéticos o en gráficos puede ser más efectivos para todos).
Como en el caso anterior, se presentamos los principales recursos técnicos utilizados en el marco de procesos participativos.

Técnicas cuantitativas en la IAP

Análisis de datos secundarios
Conocimiento general del territorio y de la comunidad. Conocimiento específico del tema tratado. Construcción de indicadores de evaluación.
Se trata de utilizar y tratar los datos secundarios que sean pertinentes en cada caso, tanto de naturaleza poblacional y general (censos y padrones o grandes encuestas sobre condiciones de vida) como datos locales de registro (fichas de servicios sociales, entradas de equipamientos, etc.). El abanico de datos y formas de tratamiento es cuasi infinito por lo que es necesario restringir el tratamiento a aquellos datos pertinentes (supeditación a los discursos). De no estar disponibles, debe recurrirse a datos
primarios (producidos por nosotros y por lo tanto más costosos).

Método Delphi
Generar consensos entre distintas personas sin necesidad de que éstas se encuentren físicamente.
Varias rondas de cuestionarios iterativos enviados por correo. En un principio, los cuestionarios contienen preguntas muy abiertas, que se van cerrando progresivamente en función de las respuestas obtenidas.
Martín (2001)
Landeta (1999)

Encuesta participada
Obtener información por cuestionario sobre una temática a la vez que se implica a los agentes.
La técnica del cuestionario es especialmente potente para estudiar hechos objetivables, presentando más dificultades para “medir” opiniones.
La peculiaridad respeto al método de encuesta convencional es que se busca la participación de los agentes en las fases clave: construcción teórica, aplicación del cuestionario, e interpretación de los datos. El apoyo técnico debe ser fundamentalmente metodológico (construcción de indicadores, formulación de preguntas, análisis de datos).

7. Técnicas participativas: los talleres de participación

Un taller de participación se puede definir como una reunión de grupo guiada por conductores-coordinadores, que tiene por objetivo definir y analizar problemas, producir soluciones de consenso y, en última instancia, movilizar y corresponsabilizar a los agentes sociales sociales implicados. Para su aplicación se utilizan dinámicas que, con múltiples adaptaciones y variantes, van destinadas a promover momentos de participación directa en un proceso.
El método y las técnicas que guían el diseño de talleres beben de fuentes tanto dispares como son la educación popular latinoamericana, la animacion socio-cultural, la psicología organitzacional o la planificación estratégica. A lo largo de múltiples experiencias de investigación participativa se ha ido definiendo como una herramienta flexible y abierta a un amplio abanico de usos, pero también instrumentalizada y desvirtuada. En este sentido, es importante tener en cuenta cuatro reflexiones:
  • Un taller promueve el intercambio de ideas, la creatividad grupal y la toma de decisiones de un número limitado de personas (para garantizar que todas ellas pueden realizar sus aportaciones) en un espacio de tiempo reducido (asumible por los participantes). El colectivo que participa puede ser un grupo existente con anterioridad al taller (por ejemplo, socios de una asociación, un equipo de gobierno, un área técnica, etc.) o bien creado ad hoc para el proceso (muestra de representantes políticos/técnicos/asociativos, selección aleatoria de ciudadanos, etc.). Pero, en cualquiera de los casos, un taller de participación ciudadana tiene una dimensión transformadora “hacia afuera”, más allá del tiempo/espacio ocupado por el taller y más allá de las personas que participan en el mismo.
  • Un taller se ayuda de técnicas de dinamización que optimizan la creatividad individual y grupal y ayudan a sistematitzar los resultados, en un ambiente distendido, agradable y entretenido. Pero un taller no es ningun juego, es una acción política: Los participantes tienen que saber en todo momento qué es lo que se está debatiendo, cuál es el compromiso que se les pide, y cuáles serán los efectos de las decisiones que se tomen en el taller. Utilizar los talleres para dar bisos participativos con finalidades legitimadores es una forma de generar falsas expectativas y suspicacias y, finalmente, quemar una herramienta con potencial de innovación democrática.
  • La programación de talleres sólo tiene sentido cuando se inserta y articula en un proceso de apertura/cierre que se abre promoviendo el autodiagnóstico y las ideas creativas y que se cierra, provisionalmente –para volver a abrirse–, asumiendo decisiones y corresponsabilidades por parte de los sectores implicados. Por lo tanto, un taller de participación ciudadana es una herramienta para la participación que no garantiza, por si mismo, esta participación.
  • Los talleres implican una concepción del conocimiento que desborda el saber tecnocrático y elitista, para generar nuevo conocimiento y acción social desde la experiencia práctica. Por lo tanto, un taller no es un grupo de discusión dónde un analista estudia y descubre el discurso de un colectivo, ni una jornada para que unos provoquen la reflexión en la audiencia, ni un seminario en el que un tutor supervisa el autoaprendizaje grupal, sino un momento de autoinvestigación-acción protagonizado por los participantes (expertos convivenciales) en el que los conductores-coordinadores (expertos metodológicos) promueven las aportaciones, median las divergencias y ayudan a sistematitzar los resultados promoviendo la participación de todos y cada uno de los asistentes.
Un taller puede abordar distintos objetivos en cuanto al “contenido”: analizar/diagnosticar (identificar síntomas y necesidades, y sus causas, proponer (generar alternativas y propuestas creativas), decidir (seleccionar propuestas), programar (planificar tareas para el desarrollo de los objetivos), etc.
En cuanto a su dimensión movilizadora, un taller puede ser una técnica pertinente tanto para reforzar posicionamientos en el interior de un grupo como para estimular el consenso entre distintos grupos y también para definir corresponsabilidades.

El número de participantes en un taller es de entre 6 y 12 personas, aunque en unas jornadas se pueden formar varios grupos de este tamaño que después pongan en común sus ideas en un plenario.
El cuadro adjunto muestra algunas de las principales técnicas; las dos primeras són dinámicas específicas que se pueden utilizar aisladamente o conjuntamente con otras desde múltiples planteamientos. Las dos últimas són formatos de talleres consolidados en los procesos participativos, con un funcionamiento y dinámica ya establecido.

Técnicas participativas (talleres)
Técnica DAFO
Consensuar un diagnóstico con vistas a diseñar estrategias de futuro.
El método DAFO se base en un cuadrante en el que se identifican puntos fuertes y débiles del presente (Fortalezas, Debilidades) y del futuro o externos a la comunidad/organización (Oportunidades, Amenazas). Su posterior estudio ayuda a definir estrategias a los participantes.
Gil Zafra (2001)
Pindado (2002)

Análisis estructural
Identificar las causas que intervienen en un determinado fenómeno, las relaciones entre éstas y los “nodos críticos” sobre los que la comunidad puede intervenir.
Mediante esta dinámica se identifican, en primer lugar, los distintos factores que intervienen directamente o indirectamente en el fenómeno o tema tratado. En segundo lugar, se establecen relaciones de influencia/dependencia entre estos factores. Finalmente, se identifican los “nodos críticos”, es decir, aquellos factores clave en la estructura de dependencia, así como nuestra capacidad para intervenir en los mismos.
Godet (1993)
Pindado (2002)
Villasante y otros (2001)

Técnica EASW
Obtener un conjunto de propuestas de futuro consensuadas y priorizadas entre agentes de la comunidad.
Los talleres EASW parten de la selección equilibrada de personas pertenecientes a diversos grupos estructurales (políticos, técnicos, asociaciones, ciudadanos no asociados, agentes empresariales...). En una primera sesión, cada grupo estructural realiza una visión de futuro positiva y negativa sobrela comunidad; en la segunda sesión los participantes se distribuyen heterogéneamente por grupos temáticos para consensuar propuestas. Finalmente, las propuestas son valoradas y priorizadas en plenario.

Núcleos de Intervención Participativa
Obtener un dictamen por parte de un conjunto de ciudadanos escogidos aleatoriamente
Selección aleatoria de ciudadanos (generalmente grupos de 25 personas) a los que se retribuye por su asistencia a unas exposiciones por parte de expertos sobre las distintas alternativas a una problemática concreta. Después de sesiones de debate, los asistentes elaboran un dictamen.

8. Reflexión final

El uso de cada técnica está claramente supeditada a la estrategia metodológica seguida, Una estrategia que no se introduce porque sí. En general, el contexto nos invita a consumir -y a producir para otros- pero no a decidir y a producir aquello que permita desarrollar nuestras potencialidades humanas. Por ello, dar la palabra no es suficiente para que las personas y grupos opinen y decidan sobre las cosas que les afectan: es necesario crear las condiciones para que se den procesos de reflexión, de autoformación, de programación y de acción social más participativos e igualitarios (de lo contrario, los poderosos siempre tienen la voz más alta: el capital frente al trabajo, los hombres frente a las mujeres, los adultos frente a los jóvenes… porque están socialmente legitimados para mantener su dominación). Crear las condiciones adecuadas supone introducir estrategias metodológicas que permiten, mediante instrumentos clave como el sociograma, los grupos de discusión o los talleres, que todos los intereses y puntos de vista presentes están reflejados en el proceso, así como que se dinamicen conjuntos de acción con capacidad para liderar procesos en la comunidad.

Esta estrategia metodológica debe necesariamente ser flexible. Flexible a las especificidades de un territorio sobre el que se interviene, a las de una temática tratada y a las de unos objetivos perseguidos. Pero además, y en tanto que trabajamos en procesos participativos, buena parte de su diseño no puede definirse de antemano, porque se trata de un diseño en proceso, es decir, re-construido a partir de la propia acción que se va generando en la comunidad. Si, a lo largo de esta acción se construyen redes sociales más ciudadanistas, las metodologías habrán sido un instrumento útil para la transformación social.

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